martes, 12 de julio de 2011
—Por favor, no te vayas —imploró el Chico tomando la pálida e intangible mano de la Chica—. Quédate conmigo.
La Chica bajó su mirada al arenoso suelo a la par que sus labios sonreían de manera triste. Bajo aquellos granos terrosos estaba su cuerpo; arropado por las raíces y los gusanos que habitaban bajo tierra. Dentro de unos años su putrefacta carne y sus delicados huesos pasarían a ser polvo y terminaría desapareciendo todo rastro de ella; como si nunca hubiera estado ahí.
La Chica se aproximó al acantilado.
—¡¡Nooo!! —chilló él en un tono estridentemente desesperado—. ¡No me dejes! Por... Favoor...
La Chica rodó los ojos con pesadez y cansancio. Estaba muerta; hacerle compañía sólo intensificaría el tormento del Chico.
La Chica se agachó, y en aquella postura señaló una parte del suelo frente a ella. La incorpórea falda de su vestido rojo fuego se movía al compás de la corriente marina cercana a la costa del acantilado.
—¿Qué? —le interrogó él ansioso—, ¿qué quieres?
Ella ya no estaba. Los ojos del Chico alcanzaron sólo a vislumbrar como su translúcido cuerpo saltaba desde lo más alto del precipicio hacia las rocas donde eclosionaban las olas.
El Chico gritó, con todas sus fuerzas; dejando que el aire apuñalara sus cuerdas vocales para después rasgarlas haciéndolas vibrar hasta desgarrarlas.
Sus dedos se hundieron como garras en el suelo con ira, cada vez másprofundamente hasta que, inesperadamente se toparon con algo.
Ansiosamente confundido, se dio cuenta de que ello era lo que la Chica le trataba de indicar. Palpó una caja de madera; húmeda y mohosa.
La tomó con vehemencia y abrió con el pulso tembloroso. Había una nota.
Si tu corazón dejara de latir no quedaría nadie que fuera testigo de nuestra historia.
El Chico se enjugó una lágrima esquiva y arrugó conmocionado la hoja de papel. La corriente marina siseaba una canción de cuna.
Fuego.
Soy la Princesa de cabellos de fuego,
lucho contra dragones
y sueño con un pincel
que cambie lo que con mis ojos contemplo.
Yazco encerrada en una torre,
cautiva; sin salvación,
pues mi orgullo me impide llamar a un Príncipe
no necesito de su valor.
Soy la Princesa de mirada triste;
el Tiempo hizo mella en mí.
El grosor de estos barrotes me consume,
se apaga la llama de mi existir.
¿Y el Príncipe?
No le llamo.
¿Por qué?
No le necesito.
Soy la Princesa de candente alma,
yazco cautiva, sin esperanza.
Antes maté dragones y gané batallas,
y ahora se consume mi vida.
¿Por qué no le llamaste?
No le amo.
Pero ahora has muerto.
Poco importa.
Fui la Princesa de cabellos de fuego,
de mirada triste,
de candente alma.
No tuve Príncipe porque no le quise;
preferí morir sola a que viniera él y me liberara,
pues mi cuerpo perdería sus grilletes,
pero mis sentimientos
serían los esclavos de sus demandas.s.
Memento mori...
"Todo dura siempre un poco más de lo que debería."
El anciano mantuvo su mirada clavada en el gotelé del techo de su habitación. Exhausto e incrédulo no era capaz de asumir lo que le estaba ocurriendo. En su mente aún estaba la imagen de cuando era joven e iba a jugar con sus amigos al parque de enfrente al kiosco, o la del día en que conoció a Laura; ella llevaba un vestido azul marino largo y vaporoso que hacía juego con el tono de sus ojos.
Su vida había transcurrido en a penas un parpadeo. El hombre joven y robusto había marchitado en una persona esmirriada y arrugada.
Mañana haría dos años que su Laura falleció por un soplo en el corazón, y el parque en el que jugó de niño se había demolido dando paso a un conjunto de centros comerciales.
¿Tanto tiempo había pasado? ¿Cómo era posible que su vida se le escapara de semejante manera? El anciano trataba de atrapar los segundos de su existencia con avidez, y éstos se escurrían entre sus dedos como si estuvieran repletos de jabón.
Para el anciano, toda su existencia había acontecido en un segundo. Su niñez y juventud en unos instantes se hicieron ceniza; se consumieron inexorablemente. Anhelaba volver atrás y saborearlos, pero sabía que aquel deseo jamás le será concedido.
Y ahora, ¿qué le quedaba por hacer? Nada. No le restaban fuerzas para emprender sus sueños o expectativas. Durante unos instantes se planteó si había cumplido al menos alguno, pero inmediatamente desistió; estaba demasiado cansado para semejantes reflexiones tan complejas.
Sólo le quedaba el descanso. Cerrar los ojos y contabilizar sus instantes restantes de vida.
Sólo le quedaba el descanso. Cerrar los ojos y contabilizar sus instantes restantes de vida.
lunes, 11 de julio de 2011
Perdon por la tristeza
Inconfundible la textura
De tu pelo entre mi tacto
La desesperación anónima
De tener tu nombre en mis manos.
Tu ojo entrando en mis miradas
En mis pupilas dilatadas
Atándome tantos años después.
Tu abrazo siempre ausente
Me corta un suspiro frustrado
El benevolo deseo de atraerte
Sin saber que hacer en tus labios.
Ahora apura un perfume inolvidable
Causa de una sonrisa diminuta
Pero en un despertar la disputa
Sabe de haberte soñado otra vez.
De tu pelo entre mi tacto
La desesperación anónima
De tener tu nombre en mis manos.
Tu ojo entrando en mis miradas
En mis pupilas dilatadas
Atándome tantos años después.
Tu abrazo siempre ausente
Me corta un suspiro frustrado
El benevolo deseo de atraerte
Sin saber que hacer en tus labios.
Ahora apura un perfume inolvidable
Causa de una sonrisa diminuta
Pero en un despertar la disputa
Sabe de haberte soñado otra vez.
No hope...
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